Por momentos, leer a Etgar Keret produce la sensación de escuchar a alguien contando un chiste en medio de un incendio. El autor Isrealí (que acaba de volver al ruedo con Autocorrect, su último libro de cuentos) no ignora el fuego y no tiene miedo de jugar con él, porque compendió que la risa es una de las pocas herramientas capaces de atravesarlo.
En la literatura contemporánea, pocos los autores que han logrado construir una voz tan reconocible; combinando el humor, la ternura, la imaginación y la melancolía. Keret se ha convertido en una de las figuras más influyentes del cuento breve de las últimas décadas. Sus relatos fueron traducidos a numerosos idiomas y conquistaron lectores de todo el mundo gracias a una fórmula singular: partir de situaciones cotidianas para introducir con absoluta naturalidad, elementos fantásticos o absurdos que revelan aspectos relevantes de la condición humana.
Su estilo parece sencillo e incluso improvisado. Sin embargo, detrás de esa apariencia hay una precisión notable, que se escribe con la lógica de los sueños: el lector acepta ingresar en ese universo porque reconoce, detrás del disparate, una emoción verdadera. Sus cuentos suelen comenzar en la realidad más cotidiana y desviarse apenas unos centímetros hacia lo fantástico. Ese pequeño corrimiento basta para revelar el absurdo de nuestras convenciones, nuestros miedos y nuestras formas de amar. No sorprende que muchos de sus textos hayan sido adaptados al cine, ni que él mismo haya desarrollado una intensa carrera como guionista y realizador. Junto con su esposa, la cineasta Shira Geffen, obtuvo reconocimiento internacional cuando la película Jellyfish ganó la Cámara de Oro en Cannes.
Sus mejores cuentos funcionan porque detrás de cada ocurrencia aparece una pregunta dolorosa. ¿Cómo convivir con la pérdida? ¿Qué hacemos con la culpa? ¿Cómo seguir adelante cuando el mundo se desarma? En ese sentido, su literatura está menos cerca de la sátira que de la compasión. Sus personajes suelen ser fracasados, solitarios o desorientados; sin embargo, el autor nunca los observa con superioridad. Incluso cuando los ridiculiza, los protege.
Aun así, no todo se resume en la fórmula. Frente a las grandes narrativas históricas y políticas que habían dominado buena parte de la producción literaria de su país, eligió concentrarse en historias breves, protagonizadas por individuos comunes, muchas veces perdidos, confundidos o en crisis. Desde entonces, ha desarrollado una obra caracterizada por la economía narrativa, la imaginación desbordante y una capacidad extraordinaria para combinar lo trágico y lo cómico.
Su libro más reciente, Autocorrect, confirma la vigencia de su talento y la evolución constante de su mirada. Keret parece ir siempre más allá, buscando los bordes de la literatura. En este caso, aunque conserva el humor y la imaginación que lo hicieron célebre, la colección presenta un tono más reflexivo y melancólico. El propio título funciona como una metáfora de la experiencia humana: la ilusión de que siempre es posible corregir errores, modificar decisiones o reescribir aquello que el destino ha determinado. La fórmula de Keret se repite con variantes que parecieran infinitas: los personajes intentan reparar pérdidas, reconstruir vínculos o encontrar una salida a situaciones que parecen escapar de control y, como es habitual, estas búsquedas se desarrollan a través de escenarios insólitos y giros inesperados. Sin embargo, el elemento fantástico nunca desplaza la dimensión emocional. Ahí radica la maravilla, el ingenio. Porque eso que parece fuera de lugar, sirve para iluminar el cuento desde un lugar único.
El contexto en que fue escrito el libro también deja su huella. Sin transformarse en una obra explícitamente política, Autocorrect refleja el clima de Medio Oriente, sin caer en un panfleto. Este es un libro marcado por experiencias colectivas recientes, desde la pandemia hasta la guerra de Gaza. Keret evita los discursos y las declaraciones grandilocuentes; prefiere mostrar cómo los acontecimientos históricos repercuten en la intimidad de las personas, en sus relaciones y en sus pequeños gestos cotidianos.
Lo más valioso de esta nueva colección es la madurez con la que el autor aborda la fragilidad humana. La risa sigue presente, aunque ya no aparece tanto como celebración, sino también a modo de resistencia frente a la tristeza y el desconcierto. En ese equilibrio reside, en buena medida, la fuerza de su literatura. Con Autocorrect, Etgar Keret demuestra una vez más por qué es considerado uno de los grandes maestros del cuento contemporáneo y sus relatos continúan recordándonos que la realidad puede ser extraña, absurda e imprevisible, pero también, incluso en medio de la incertidumbre, la literatura sigue siendo una herramienta privilegiada para entendernos a nosotros mismos.