¿Por qué nació el taller?
Por las ganas de un grupo de personas de juntarse a leer y discutir literatura, y un espacio que lo permitió, porque nació en Segunda Lengua, un instituto de enseñanza de inglés que funciona en La Plata desde 1987. La idea era invitar a alumnos, exalumnos, a toda la comunidad, a participar de un club de lectura donde abordáramos autores argentinos contemporáneos traducidos al inglés, leídos en el mundo. La intención era ofrecer un lugar de práctica y recreación intercultural en el que se usara el inglés para hacer circular nuestra cultura, nuestra mirada del mundo, y a la vez, descentrarnos y ver desde el mundo cómo aparece escrita nuestra cultura. Un llamado a la fantasía de compartir en otra lengua lo que se produjo en la primera, y desterritorializar el inglés en ese acto, hacerlo propio, de lo local a lo global. Por otro lado, era una manera de presentar autores que los asistentes pudieran seguir leyendo en castellano. Las ediciones se fueron organizando en torno a temáticas y artistas. La segunda fue “Lo raro es cuestión de frecuencia” sobre Samanta Schweblin, la tercera “Milagrosa y patotera” sobre Camila Sosa Villada, y la próxima, que es el 20 de junio, “Fronteras dispersas”, será con Claudia Ferradas en vivo.
¿Por qué el nombre?
Por varias razones, por varios juegos. Book IT, porque book significa libro en inglés y también reservar un lugar. IT porque hace referencia al taller y además es Information Technology: un término que puede comprender cómo usamos internet y la inteligencia artificial durante los encuentros.
¿Tiene restricciones un taller? ¿Cuáles?
En este caso, la restricción de manejo del inglés únicamente. Para disfrutar realmente del taller, un nivel intermedio –lo que se conoce como B1– es lo más deseable. Desde ese nivel en adelante.
¿Por qué le recomendaría a alguien empezar en su taller?
Porque es una manera de acercarse a la literatura argentina contemporánea. Es un modo de pensarnos a través de ella, y hacerlo en otra lengua agrega la posibilidad de ampliar el horizonte de lo decible, porque abandonamos el yo que somos en nuestra lengua madre por un rato para habitar ese otro –entre lenguas–, con el instrumento necesario para participar de la comunicación internacional, mirándonos desde adentro y desde afuera. No para reproducir la cultura detrás de la lengua dominante, en este caso: la norteamericana, ya no la inglesa; sino para traficar al revés: para hablar de Argentina, de las historias que produjeron estas narrativas, estas ficciones celebradas en el mundo, para reconstruirlas desde un inglés del sur.
¿Qué opinión tiene de la modalidad virtual?
Me parece súper útil. Nuestro taller es presencial y me gusta la idea de conservarlo así sobre todo porque es mensual, entonces eso permite un poco más agendar las fechas con anterioridad y, en lo posible, guardárselas. Creo que en cada modalidad se aprovechan cosas distintas. En Book IT poner el cuerpo, moverlo, es tan importante como poner la cabeza porque siempre hacemos juegos, caminamos, nos reagrupamos, recitamos… La voz, las piernas, los brazos, todo tiene que estar un poco involucrado para que la experiencia del taller funcione. Pero entiendo que a veces es difícil sostener la presencialidad, y la modalidad online habilita el desarrollo de otras competencias que no son las más jerarquizadas en un encuentro presencial. Pienso en algunos talleres que se hacen con la cámara apagada. Ahí entra a jugar el tono de voz, la imagen quieta, cosas que no pasarían en lo presencial. Cada una tiene sus fortalezas.
¿Para qué sirve un taller literario?
Para que un grupo de personas se junten a leer, a discutir, a compartir miradas, a contemplar, a escuchar –la escucha es fundamental–, a pensarse a sí mismos y la cultura en la que están inmersos, de la que participan, para celebrar el arte, para poner el cuerpo con otros, para forjar comunidad, para cortar con el tiempo siempre productivo, siempre neurótico. Pero en realidad, íntimamente, me gusta pensar que un taller literario no sirve para nada, y eso es parte de su magia.
¿Le sirve a alguien que recién empieza a escribir un taller? ¿Y su taller en particular?
Sí. Un taller o cualquier propuesta similar te va a presentar autores, lecturas, rutas, constelaciones. Book IT en particular no es un taller de escritura. Sirve en tanto muestra autores, analiza sus maquinarias narrativas o poéticas, pone los recursos a la vista para usarlos, intervenirlos en tareas orientadas a la creación, pero esencialmente a la comunicación, por lo tanto sin valoración artística de las producciones personales ni feedback en ese sentido. El taller sí abre puertas, inspira, idealmente. Por ejemplo, Caro, una de las asistentes habituales y alumna de Segunda Lengua, ganó el concurso literario de su escuela con un cuento de terror en el que usó un recurso de The Refrigerator Cemetery de Mariana Enriquez, texto que habíamos trabajado en clase. Ella me contó cómo se había apropiado del recurso para crear ese cuento buenísimo que me pasó por WhatsApp. Un cuento con una trama propia, un estilo propio, y un recurso intervenido, como funciona la literatura, como funciona el lenguaje. Diego, otro asistente, escribió en su Substack una entrada en la que mencionaba el taller. Ana, del mismo grupo, me pasó un libro en pdf para otra asistente y me dijo que había estado toda la tarde escribiendo tonterías después del taller.
¿Por qué se habla de “taller” literario?
Supongo que por la figura: un lugar donde hay cosas para armar, desarmar y construir con distintos tipos de herramientas y materiales. A mí también me gusta laboratorio, porque es lo más parecido a la cocina de un hechicero, un tercer espacio entre magia y ciencia, donde se manipulan elementos, se da vida a monstruos, se diseccionan partes, se cruzan géneros.
¿Cómo organiza el grupo o los grupos?
Nos juntamos un sábado por mes aproximadamente, de mayo a noviembre, de 10:30 a 12:30 horas y desde este año, si podemos, agregamos media hora más de conversación con el autor. Lo hicimos en la primera edición de este año, “Distrito de la fantasía”, y charlamos en inglés con Cecilia Pavón después de haber discutido sus textos. En el taller se mezclan edades, adolescentes y adultos comparten, porque eso hace el arte, la música, la literatura, son transgeneracionales, unen a las personas.
¿Por qué se dedica a coordinar un taller literario?
Porque me encanta juntarme a hablar de libros, comer algo rico y tomar café, todas cosas que hacemos en el taller. Creo en esa conversación, creo en la potencia de juntarse a compartir ideas, entrar en una especie de trance por unas horas, fuera del mundo, donde la fantasía, la ficción nos abrace, o nos golpee, nos ubique en un refugio o en el medio de una guerra. Esos intercambios son una fuerza de humanidad que con suerte nos vuelve al mundo más críticos, más creativos, más despiertos.