Un nexo con la vida en la Isla Cucurucho

Ulla Szaszak delimita en su novela los tres momentos clásicos de toda historia. Lo hace de manera contundente, casi quirúrgica. Sin embargo, esto no implica dureza sino poesía. Coincidimos con Ariel Bermani, a cargo de la contratapa, cuando escribe: “Hay una estabilidad en el lenguaje que conduce la lógica del relato como si se tratara de poemas que se instalan en capítulos breves”.

La lectura es ágil, imposible de abandonar, en parte por la inclusión de la narradora niña. A través de ella asistimos a recuerdos de una infancia cruel mezclados con un puñado de instantes luminosos que huelen a mandarina y vainilla.

El tema ronda el amor esquivo. Una búsqueda afectiva mediada por objetos que acompañan en la soledad; por ventanas que se abren a la maravilla o se cierran al miedo. Y por jardines en los que habitan criaturas amadas.

En fin, Isla Cucurucho es una novela exquisita que nos remite a los vínculos. No se la pierdan.

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